He estado poniendo algo de orden en mis bandejas de proyectos de la oficina. He encontrado muchas cosas que me han hecho recordar ciertas etapas y me ha venido un ataque de nostalgia, aunque solo haga 2-3 años he sentido nostalgia…

Entre otras cosas he rescatado un numero de la revista emprendedores (Nº 138 – Marzo 2009) que me ha acompañado constantemente desde esa fecha, por un artículo de la sección observatorio. Este articulo me ha dado fuerzas cuando lo he leído, y por desgracia lo he leído muchísimas veces.

El artículo es de Pau Valdés Piera, director de la agencia Nakami y dice así:

¿Preocupaciones? ¿Para qué?

Hace casi cinco años que funde mi propio proyecto empresarial. Lo hice como todo el mundo dice que no hay que hacerlo: sin ninguna planificación, únicamente con mucha ambición y ganas de emprender. Las consecuencias de hacerlo a la brava fueron cuatro años de no saber nunca como llegaría a final de mes y mucho aprendizaje.

Durante todos estos años viví permanentemente preocupado: por cómo llegar a final de mes, por conseguir más clientes, porque mis expectativas eran mayores que mis resultados, por la idea de cerrar la empresa… Cuando reflexionaba sobre mi vida, solo veía un montón de preocupaciones que me asfixiaban. No era feliz!!

No fue hasta llegar a mi límite que comprendí que mi sufrimiento estaba basado en una ilusión. Todas esas cosas que me habían agobiado casi nunca habían sucedido. Y si lo hacían encontraba una solución para remediarlas. ¿Qué pérdida de tiempo, no? Cuantas noches sin dormirá!! Cuantas tardes taciturno sin dedicarme a mi chica!!

Lo que me agobiaban eran situaciones que había que resolver. La única manera de hacerlo era ocupándose de ellas con toda mi atención e inteligencia. Si después no tenia éxito no pasaba nada… Bueno si… encontraba otro camino y aprendía lo que no debía volver a hacer. Un día descubrí que si era capaz de distraer mi mente, los problemas y las preocupaciones desaparecían. Con el tiempo también aprendí a domarla y a no pensar en lo que no debía.

Vivimos una época de turbulencias económicas, de incertidumbre y de ansiedad. Una de cada dos mesas de menú de mediodía habla de crisis, en dos de cada tres conversaciones se habla de despido. Delante de esta situación, más que nunca, todo lo que puedo hacer en lugar de estar preocupado es estar ocupado, dirigir mi pensamiento para realizar buenos análisis, usar mi intuición para tomar buenas decisiones, usar las noches para dormir, mi tiempo libre para disfrutar… y si no lo consigo… volver a empezar

Que joya de reflexión… nunca me canso de leerla…

No voy a aparcar esta revista, lo voy a dejar cerca por si lo tengo que volver a leer porque tal y como está el mundo de la empresa conviene tener cerca todos los imputs que positivicen las situaciones. Por desgracia en la actualidad, en la mayoría de empresas no se pueden hacer previsiones, todo se desmonta sin más de un día para otro en un escenario donde el objetivo ya no es ganar dinero, la mayoría de empresarios se conforma con sobrevivir.

La parte que yo veo positiva de todo esto es que estamos aprendiendo muchísimo y quien salga de esta va a ser un buen “capitán” ya que si somos capaces de “navegar con esta tormenta tan destructiva en un mar con olas de 10 metros”,  y sobrevivimos, que seremos capaces de hacer en “días soleados y con buena mar…”